Restaurantes, delivery, cocinas. Sistemas pensados para un viernes a las 9pm con el salón lleno, no para una demo en un escritorio limpio.
Cada producto resuelve un dolor específico. Funcionan solos, pero conversan entre sí: el delivery habla con la cocina, el inventario con el menú, y el menú QR con todo.
En un mundo donde todo el software "funciona", el buen gusto y la atención al detalle son nuestro diferenciador.
"Los detalles que el usuario no nota son los que hacen que se sienta premium sin saber explicar por qué."
Cada estado :active, cada easing fuerte, cada salto vertical de 1px corregido. La suma compone una interfaz que se siente bien. Si el usuario no lo nota, lo hicimos bien.
No basta con que funcione. Estudiamos las interfaces que se sienten bien, las desmontamos, replicamos sus principios. La curiosidad es parte del oficio.
Si algo se ve como plantilla SaaS genérica o "hecho por IA", se rechaza y se rehace. Antes / Después / Por qué. Sin diplomacia innecesaria.
Un dashboard SaaS y un POS de restaurante necesitan decisiones técnicas distintas. Tratarlos igual es la receta para que ambos fallen.
Arquitectura multi-tenant, roles y permisos sólidos, facturación recurrente impecable. Dashboards densos en datos con jerarquía clara.
Los restaurantes son ruido, prisa y pantallas con grasa. El software debe reducir el estrés, no aumentarlo. Touch targets enormes, contrastes altos, offline-first.